La nostalgia feliz

El regreso a Japón después de 16 años desde Estupor y Temblores y 32, desde Metafísica de los tubos, fue una recomendación de Gabri, por supuesto.

Amélie Nothomb me gusta desde que uno de mis profesores de francés me la presentó hace ya varios años, desde entonces he leído cinco o seis de sus libros. Después de la Biografía del hambre pensé en detenerme, me pareció una historia muy triste, pero justo comencé a compartir con Gabri este gusto y hemos seguido coleccionando historias de la autora belga.

La cuestión es que para este libro Amélie Nothomb descubrió que los japoneses se creen inventores de la nostalgia o al menos de la nostalgia feliz (y que no los escuchen los portugueses con su saudade). El concepto europeo definido por esta palabra sólo puede referirse al recuerdo de hechos que nos dejan tristes según los nipones, de manera que, concluye la autora con mucho humor, la anécdota de Proust saboreando la magdalena lo vuelve un auténtico japonés. Natsukashii sirve para describir exactamente ese sentimiento que te llega cuando el recuerdo de un hecho feliz de tu vida te llena de añoranza, como cuando de niño mamá te arropaba con un beso de buenas noches en la cama.

El viaje a Japón, creía la autora, estaría lleno de este sentimiento, pero la vida en las lejanas islas es dura y el panorama ha cambiado. Las ciudades si fueran personas, reflexiona Nothomb, serían esquizofrénicas. Muchas veces unos edificios al lado de otros no guardan ninguna relación entre sí, ni con las calles que las comunican, ni la gente que las viven, ni con la historia detrás de ellas. Tokio, si fuera un discurso, sería el de un maniaco, lleno de palabras sin relación entre ellas, una detrás de la otra sin que lleven a ningún lado.

En su regreso, después del estupor y los temblores, esta vez acompañada de cámaras y micrófonos, la cita con Nishio-san y su ex-prometido Rinri, son el eje que guía un viaje lleno de hechos banales y encuentros devastadores. Por un lado la grabación para el show televisivo imposibilita auténticos re-encuentros, sin la mirada intimidadora de las cámaras. Por otro lado, la autora, después de una vida alejada de su madre patria, habla un japonés de cocina y necesita del traductor en muchas ocasiones. Aún así comprende a su traductora nipona quien descubre, a causa de su pasión, es la razón por la cual en Japón volvieron a publicar sus textos, a pesar de los serios juicios que publicó en Estupor y temblores.

“Si el tiempo mide cualquier cosa en un ser humano, son las heridas”. Nothomb viajó a revivir cada una de ellas: su separación del amado Japón, el rompimiento con Rinri y la distancia que la separa de cada una de sus obras que vuelven a las islas niponas. La constante auto-referenciación en la obra autobiográfica de la autora aparece como su descripción de Fukushima, a trozos y muñones de lo que fue, donde sólo algunas señales como juguetes y pantuflas, o coladeras y lápidas de cementerio, son lo que la muerte o el olvido no pudieron borrar.

El título del libro que narra el viaje al país de los primeros amores, con tsunamis o sin ellos, no podría llevar mejor título, al menos la nostalgia feliz es lo que habita en mí cuando pienso en ciudades como París.

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About bomarciana

Todos los días pienso en Bomarzo, y cuando se me olvida, lo recuerdo entre sueños.
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